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El G-20 y Chicago años treinta
El
G-20 y Chicago años treinta
Imaginen que una banda de
delincuentes impone a una ciudad su “protección”, vende drogas a mansalva,
obliga a comprar productos suyos al precio que le da la gana y castiga con
ferocidad a quienes no hacen su muy ilegítima voluntad. Esa situación,
rememorada en tantas novelas y películas, no es desconocida. Es Chicago, años
30. Gansgsters desmadrados, poder político local corrompido, policía comprada...
¿La solución a esa
situación gangsteril es dorar la
píldora a los criminales y acogotar a las víctimas? En paráfrasis, eso parece
que ha hecho el G-20 en su reunión de Toronto. Dorar la píldora a los
responsables de la crisis para que no salgamos de
ella.
El G-
Reconoce el G-20 que la
recuperación económica mundial es “frágil” y “desigual”, pero aún así impone el
recorte del déficit público a los países industrializados. Y, admitiendo que
“hay riesgo de que el ajuste fiscal sincronizado de varias economías pueda
tener un impacto adverso en la recuperación”, el G-20 se empecina en que los
países industrializados “reduzcan a la mitad sus déficits públicos en
Reconocen que hay un paro
inaceptable en varios países, pero parece que les da igual. Además, el G-20
desea que se hagan más recortes sociales para “equilibrar el presupuesto” y
mantener la “capacidad de pago”. ¿Qué significa? No aumentarán impuestos para
reducir el déficit, aunque casi todos los economistas coinciden en que el
déficit es por reducción de recaudación, no por exceso de gasto.
Mantener la “capacidad de
pago” con recortes sociales para reducir el déficit significa que al final
pagarán quienes menos tienen: no recibiendo lo que tienen derecho a percibir.
Hablamos de derechos, no de caprichos. Y pagarán impuestos menos justos, menos
equitativos. Como el IVA, que en la económicamente débil Rumanía aumenta 5
puntos para satisfacer al FMI. En España, técnicos de Hacienda han calculado que
pagará el aumento del IVA (que empezó el 1 de julio) el 88% de los ciudadanos
contribuyentes: desde quienes ganan 30.000 euros brutos anuales (no muchos, por
cierto) hacia abajo. Recordemos que el 63% de los españoles gana menos de 1.000
euros netos al mes y que un alquiler barato son 500 euros mensuales. Y en el
resto de países desarrollados, situaciones
semejantes.
El G-20 argumenta además
que es necesario recuperar margen presupuestario para responder al
“envejecimiento de la población”. En lenguaje sin trampas significa que ahora
van a cargarse los sistemas públicos de pensiones hasta donde puedan.
Congelarlos, hacer difícil su disfrute o reducir sus prestaciones. Hace tiempo
que la minoría privilegiada (que en gran medida es el contubernio de
especuladores confabulados) va loca para que las pensiones públicas se reduzcan
a la mínima expresión y poder engatusarnos así con sus equívocas pensiones
privadas.
Guido Mantega, ministro
de Asuntos Exteriores de Brasil diagnostica que “reducir el déficit a la mitad
es un ajuste draconiano para algunos países y en medicina, cuando uno se pasa,
se mata al paciente”. Y
Los llamados países
emergentes no aplicarán el objetivo de déficit pactado. Quizás porque no suelen
seguir las suicidas pautas neoliberales (tan idolatradas en Europa). Al final,
uno concluye que FMI, Comisión Europea, G-20 y demás pretenden que es
imprescindible lo que realmente es inaceptable. Y así no superamos la crisis ni
locos.
Habrán leído que en
Europa se tambalea el “estado del bienestar”. Pues ya va siendo tiempo de volver
a hablar de justicia y de derechos humanos. Necesitamos un estado de justicia,
no sólo de bienestar.
Periodista y
escritor
This article was published on: Monday, July 05, 2010
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